Hace cuánto tiempo que no escribía?, su buen par de meses. Inevitablemente al escribir me sincero más de lo que quisiera, aunque a veces logro ponerme un freno, pero es difícil cuando las emociones están a flor de piel y nublan un poco mi pensamiento y actuar. Podría escribir de mil cosas, nuevos trabajos, nueva gente que he conocido, los pequeños regalitos que me he comprado, mi familia, mis hermosos sobrinos, etc, etc. En estos momentos me siento algo adormilada, honestamente, todo el tiempo me siento así, con sólo querer ir a dormir, esa hermosa sensación de cerrar los ojos y desconectarme; afortunadamente son pocas las veces en que he logrado recordar un sueño, lo irónico es que los sueños que recuerdo son bastantes desagradables, sin ser cosas malas necesariamente, aunque a veces si he tenido pesadillas, pero generalmente cuando recuerdo el sueño me siento incómoda, con un malestar general de rareza, extrañeza, como lo que soñé no es algo bueno o algo lógico, pero la mayoría de las veces despierto (lamentablemente, despierto) sin recuerdos en la cabeza y lamentando el hecho de haber despertado. Dios hace tiempo me cerró las puertas de su santo reino por renegar de su más preciado regalo, estar viva, pero sólo Él es testigo de cuanto lamento la llegada de cada mañana, o más específicamente, la llegada de mis mañanas, pero bueno, cómo muchas otras cosas, tendré que aceptarlo como, otra vez, irónicamente, parte de mi vida.
Y aquí estoy, en una lluviosa tarde de domingo sola en la casa de mis padres que más por derecho que por mérito, también es mía, junto a mi perro, quien graciosamente se queda mirando con carita de pena a mi mamá cuando se va junto a mi papá al campo y le dice: "chao Yuki y cuida a tu Nana", y nuevamente, como muchas otras veces, las frases coherentes que quería escribir se van (tal vez debería ir a dormir, así el tiempo avanza sin que lo note).
A principios de este año me puse un par de metas de las cuales no he cumplido ninguna, la que más me he esforzado en realizar es sobre la lectura, pero en el año creo que no he leído más de cinco libros, demasiado poco. Estoy tratando de terminar la trilogía de las Cincuenta Sombras, libros más que interesantes porque obviamente leer algo erótico me recuerda que corre sangre por mis venas (aunque a veces me gusta verla directamente sobre la piel); pero más allá de la "lectura educativa" (de qué otra forma podria enterarme de ciertas cosas, y a mi edad es patético), lo que más me queda de los libros son las interacciones de la Diosa Interna y de la Subconsciencia de la protagonista; la interminable batalla de estas dos entidades que tenemos dentro las mujeres, en algunas dos, en otras más, como sea, pero como cada una de ellas trata de tomar control sobre nuestros actos y decisiones, y así la pobre Ana, que de pobre no tiene nada (la típica mujer que se haya fea y don nadie cuando tiene a varios pretendientes sobre ella y al final consigue al multimillonario y exquisito Mr. Grey, que estando de cincuenta formas podrido, igual es exquisito); se encuentra en esa batalla entre su diosa interna y su subconsciente.
Inevitablemente mi diosa interna y mi subconsciencia, motivadas por el libro, se han atrevido a salir a la luz en estas últimas semanas, o mejor dicho, mi diosa interna se ha atrevido a hacerle frente a mi subconsciente en estas últimas semanas, y es que lamentablemente tuve la desfortuna de conocer to the perfect guy, con miles de defectos, pero perfecto al fin y al cabo. No digo que estoy enamorada, todavía no pierdo mi cuota de cordura frente a él y a los demás como para andar suspirando todo el día y flotando por los aires viendo al mundo en tonos rosa y celeste pastel, pero es un hecho que me gusta y me gusta mucho. ¿El problema?, el mismo de siempre, no ser más que una mujer simpática, buena onda y buena amiga. La historia de mi vida que se repite una y otra vez, y mil versiones podrán darme de lo que me pasa o de cómo es mi forma de actuar y ver la vida, que es un problema de actitud, que no me la juego, que yo no hago nada por revertir la situación. La verdad es una sola, no soy una mujer fea, pero no logro ser lo suficientemente atractiva para atraer la atención de un hombre, y sin ponerme grave, simplemente lo digo por experiencia, casi quince años de experiencia, tristes quince años, que me han demostrado que yo no debo enamorarme ni mucho menos ilusionarme con nadie. Mi subconsciente está de muerte, obvio, me está viendo sufrir por algo que se supone ya habíamos hablado y trabajado, con recaídas obvio, es difícil olvidarme que soy mujer, aunque el resto poco lo note, pero el camino ya estaba claro, sobre todo ahora que si bien no es el sueño de empleo que siempre quise, es lo suficiente bueno para formar una base de la profesional que deseo ser, y ese era, perdón, es, mi norte, mi meta. El romanticismo, desear corazones y flores en mi vida estaba vetado, ni siquiera tema innombrable o tabú, simplemente no era tema. Las frases eran claritas: tu futuro es profesional, es lo que puedes entregar como una buena trabajadora, ganar lo suficiente para no depender de tus padres, pero tu proyección no iba de tener una casa o propiedad, sino ganar el suficiente dinero para vivir tranquila mientras permanecieras en este mundo, porque tu historia se acabará un día cuando se cumpla tu sueño, dormir para no despertar más. Pero tenía que aparecer él, sin siquiera mover un maldito músculo hacia mi persona que me incitara a sentir lo que siento ahora, y es que como dije, es perfecto, con mil defectos, pero perfecto, el hombre que alguna vez soñé, que quise en mi vida; aquel que presentaría nerviosa pero llena de orgullo ante todos como mi pareja. Qué tiene de especial?, nada en particular, físicamente no es Ewan McGregor ni tiene la voz de Mark Darcy, pero feo no es, en especial sus ojos; es delgado, más que yo, pero eso es una obviedad, si yo fuera más alta y tuviera la cabeza más grande seríamos un 18 perfecto, pero no llega a ser demasiado flaco; es alto, aunque la gran mayoría de todos son más altos que yo. Es inteligente, mucho, y nuevamente sólo Dios sabe cuán determinante es la inteligencia para mí; y bueno, como persona, es simplemente, el tipo perfecto un buen amigo, un buen compañero.
Lo quiero en mi vida, lo quiero para mí, que no se separe de mí, que no me deje nunca, que me abrace fuerte para sentirme querida como nunca nadie lo ha hecho; y se lo podría decir, cambiar la actitud y jugármela y no sentirme vieja con la edad que tengo y creer que tengo una chance de ser felíz, pero obviamente no se lo voy a decir; podría abrazarme, podría prestarme su hombro para llorar como deseo hacerlo en este momento, pero sería un consuelo para decirme lo que sé que me dirá, y es que algo así nunca va a pasar, y por dentro, mi diosa interna estará hecha pedazos mientras mi subconsciente con su libro de Taha repasando la Teoría de Juegos en sus manos, me mirará fijamente para decirme: "te lo dije".
