Aún tengo sueño, creí que me iba a doler la cabeza, pero si bien en algún momento de este día sábado sentí cierto malestar, no fue más que eso, una pequeña molestia. Algo de dolor, aunque no sé si pueda clasificarlo como tal, pero si un gran ardor en el estómago, por eso no quería comer nada en la mañana, ya que me podía enfermar y esperé hasta el almuerzo, la rica comida que siempre prepara, religiosamente cada día, mi santa madre.
Cómo podría explicar lo que viví ayer, me porté mal?, no lo sé, quien podría saberlo pero sobre todo, quien podría juzgarme. Fueron cuatro copas de Manquehuito, dos de durazno y dos de piña y de fondo como plato (caña) fuerte, dos vasos de ron-cola, para que esta servidora cayera bajo el encantamiento del poder de Dionisio, Dionisios o Baco, como también llamaban los romanos al dios del vino, uno de los dioses más adorados, y sobre todo, más festejados, por el efecto que causa en las personas la ingesta de alcohol.
Podría empezar explicando que fue lo que sentí, ya que tal como lo presumí mientras poco a poco iba perdiendo el control de mis funciones motoras, recuerdo la mayoría de lo que pasó ayer en la noche, que es tal vez, lo que más lamentaba, el entumecimiento de brazos y piernas, el intenso frío por tres gotas de la bebida que cayeron en mi pierna derecha, las manos dormidas y el no poder modular bien, para que se entendiera lo que estaba hablando, en resumen, físicamente, me sentía pésimo, quería sostenerme bien, derecha, pero no podía, no me atrevía a levantarme de la silla por el temor a caerme, y yo, cuerpo pesado, cómo me levantaban después, aparte de la humillación, estaba consciente, sabía lo que decía y de hecho pensaba antes de hablar, aunque todo lo que decía eran puras tonteras, pero lo pensaba, me estaba escudando de tal estado para decir cosas que no me atrevo, usando mi estado de intemperancia para desahogarme un poco, sin embargo, igual callé muchas cosas; pero el no sentir las manos me asustó, que mezclado con mis propios complejos, me llevaron a ataques de llanto y risa, uno tras otro. La lástima por mí misma fue más grande que nunca, no soportaba el tener que apoyarme en mi amiga, mi querida amiga; no soportaba escuchar risas, todo se convirtió en burla hacia mí, aún estando segura de que no era así, pero no podía evitarlo, me sentí más fea que nunca, más poca cosa que nunca, quería verme linda ante mi amiga y su amado esposo, pero el maldito resfrío y los tragos me tenían roja como tomate, ocultaba mi cara detrás de mis manos, tratando con eso de tapar la vergüenza que sentía. Tenía rabia de verme así, pero a la vez, quería seguir, no lo sé, cómo si con otra copa hubiese perdido definitivamente ese estado en el cual somos conscientes de lo que hacemos, y así equilibrar el estado de la mente con el estado del cuerpo, o tal vez quería seguir simplemente porque no quería regresar a mi casa, porque efectivamente, no quería volver, no quería estar en mi pieza nuevamente, quería salir; la idea de regresar a mi cama fría y vacía, sin sueños, sin sentimientos, me causaba más tristeza que ver a mi cuerpo negarse a obedecer mi cabeza; quería escapar, sentirme viva, y creer por un momento, al menos por un instante, que ese mundo que vive en mi cabeza y en mi corazón, era real, creer que al momento de entrar a mi casa, aquél con quien acordé entrega mutua, a través de un beso me regalaba el mundo entero, pero no, entraba con dificultad hacia la casa, con el miedo a que mi papá, quien me esperaba medio dormido, se diera cuenta que me costaba mantenerme en pie, lo cual, nunca lo sabré, ya que no me dijo nada, y sé que no me lo dirá. Sólo me quedaba cambiarme rápido, para sumergirme de nuevo en la oscuridad de la pieza, para no pensar; tenía sueño, pero aún así no podía dormir; sólo tomé mi pequeño mp4 y la música empezó a sonar, desviando mi mente, hasta el momento en que se perdió en el sueño.
Por varios años decía que para ese año, para el 18, me iba a emborrachar, para saber que es lo que se sentía, si bien estuve dispuesta por un septiembre o dos, al final, por un motivo u otro, siempre tenía que desistir de tal idea. También me frenaba el hecho de que me ha tocado ver siempre la cara fea del “pasarse de copas”, recordar situaciones de vida a causa de estados de ebriedad no hace otra cosa que traer a mi mente malos momentos, llenos de impotencia, rabia y tristeza, aparte, en cuanto al hecho mismo de tomar, nunca ha sido de mi agrado el sabor de las bebidas alcohólicas, razón por la cual tomo muy poco, ya que tomar por tomar, aunque me crucifiquen, siempre lo he encontrado una verdadera estupidez, paso mi Manquehuito y algunas otras que tienen un sabor dulce, pero si me dan a elegir entre algo que tenga alcohol o un simple vaso de jugo, prefiero mil veces un vaso de jugo. Tal vez sea muy básica respecto a eso, guiarme por un sentido al momento de elegir que consumir, pero siempre he creído que las personas que toman alcohol lo hacen con el objeto de emborracharse, y dejar de ser responsables, aunque sea por un momento en sus vidas y de las decisiones que toman.
Creo que, de lo de ayer, tal vez lo que más agradezco fue el estar con la Ximena; punto aparte fue lo de la Angela, a quien de verdad le agradezco su preocupación y cuidado; pero, que esto haya pasado estando con mi amigui del alma, con mi hermana, fue más que importante para mí. Me gustaría decirle tantas cosas, actuar y ser más libre al momento de compartir con ella y sus amigos, pero simplemente no me atrevo; no me gustaría escudarme tras una copa para tomar valor y ser de espíritu más libre, ya que encuentro que encontrar valor tras un trago, es lo más cobarde que hay.
Me viste borracha amigui, el que se repita depende sólo de mí, de si quiero sentirme mal físicamente de nuevo y tratar de volar teniendo los pies pegados al suelo.
Cómo podría explicar lo que viví ayer, me porté mal?, no lo sé, quien podría saberlo pero sobre todo, quien podría juzgarme. Fueron cuatro copas de Manquehuito, dos de durazno y dos de piña y de fondo como plato (caña) fuerte, dos vasos de ron-cola, para que esta servidora cayera bajo el encantamiento del poder de Dionisio, Dionisios o Baco, como también llamaban los romanos al dios del vino, uno de los dioses más adorados, y sobre todo, más festejados, por el efecto que causa en las personas la ingesta de alcohol.
Podría empezar explicando que fue lo que sentí, ya que tal como lo presumí mientras poco a poco iba perdiendo el control de mis funciones motoras, recuerdo la mayoría de lo que pasó ayer en la noche, que es tal vez, lo que más lamentaba, el entumecimiento de brazos y piernas, el intenso frío por tres gotas de la bebida que cayeron en mi pierna derecha, las manos dormidas y el no poder modular bien, para que se entendiera lo que estaba hablando, en resumen, físicamente, me sentía pésimo, quería sostenerme bien, derecha, pero no podía, no me atrevía a levantarme de la silla por el temor a caerme, y yo, cuerpo pesado, cómo me levantaban después, aparte de la humillación, estaba consciente, sabía lo que decía y de hecho pensaba antes de hablar, aunque todo lo que decía eran puras tonteras, pero lo pensaba, me estaba escudando de tal estado para decir cosas que no me atrevo, usando mi estado de intemperancia para desahogarme un poco, sin embargo, igual callé muchas cosas; pero el no sentir las manos me asustó, que mezclado con mis propios complejos, me llevaron a ataques de llanto y risa, uno tras otro. La lástima por mí misma fue más grande que nunca, no soportaba el tener que apoyarme en mi amiga, mi querida amiga; no soportaba escuchar risas, todo se convirtió en burla hacia mí, aún estando segura de que no era así, pero no podía evitarlo, me sentí más fea que nunca, más poca cosa que nunca, quería verme linda ante mi amiga y su amado esposo, pero el maldito resfrío y los tragos me tenían roja como tomate, ocultaba mi cara detrás de mis manos, tratando con eso de tapar la vergüenza que sentía. Tenía rabia de verme así, pero a la vez, quería seguir, no lo sé, cómo si con otra copa hubiese perdido definitivamente ese estado en el cual somos conscientes de lo que hacemos, y así equilibrar el estado de la mente con el estado del cuerpo, o tal vez quería seguir simplemente porque no quería regresar a mi casa, porque efectivamente, no quería volver, no quería estar en mi pieza nuevamente, quería salir; la idea de regresar a mi cama fría y vacía, sin sueños, sin sentimientos, me causaba más tristeza que ver a mi cuerpo negarse a obedecer mi cabeza; quería escapar, sentirme viva, y creer por un momento, al menos por un instante, que ese mundo que vive en mi cabeza y en mi corazón, era real, creer que al momento de entrar a mi casa, aquél con quien acordé entrega mutua, a través de un beso me regalaba el mundo entero, pero no, entraba con dificultad hacia la casa, con el miedo a que mi papá, quien me esperaba medio dormido, se diera cuenta que me costaba mantenerme en pie, lo cual, nunca lo sabré, ya que no me dijo nada, y sé que no me lo dirá. Sólo me quedaba cambiarme rápido, para sumergirme de nuevo en la oscuridad de la pieza, para no pensar; tenía sueño, pero aún así no podía dormir; sólo tomé mi pequeño mp4 y la música empezó a sonar, desviando mi mente, hasta el momento en que se perdió en el sueño.
Por varios años decía que para ese año, para el 18, me iba a emborrachar, para saber que es lo que se sentía, si bien estuve dispuesta por un septiembre o dos, al final, por un motivo u otro, siempre tenía que desistir de tal idea. También me frenaba el hecho de que me ha tocado ver siempre la cara fea del “pasarse de copas”, recordar situaciones de vida a causa de estados de ebriedad no hace otra cosa que traer a mi mente malos momentos, llenos de impotencia, rabia y tristeza, aparte, en cuanto al hecho mismo de tomar, nunca ha sido de mi agrado el sabor de las bebidas alcohólicas, razón por la cual tomo muy poco, ya que tomar por tomar, aunque me crucifiquen, siempre lo he encontrado una verdadera estupidez, paso mi Manquehuito y algunas otras que tienen un sabor dulce, pero si me dan a elegir entre algo que tenga alcohol o un simple vaso de jugo, prefiero mil veces un vaso de jugo. Tal vez sea muy básica respecto a eso, guiarme por un sentido al momento de elegir que consumir, pero siempre he creído que las personas que toman alcohol lo hacen con el objeto de emborracharse, y dejar de ser responsables, aunque sea por un momento en sus vidas y de las decisiones que toman.
Creo que, de lo de ayer, tal vez lo que más agradezco fue el estar con la Ximena; punto aparte fue lo de la Angela, a quien de verdad le agradezco su preocupación y cuidado; pero, que esto haya pasado estando con mi amigui del alma, con mi hermana, fue más que importante para mí. Me gustaría decirle tantas cosas, actuar y ser más libre al momento de compartir con ella y sus amigos, pero simplemente no me atrevo; no me gustaría escudarme tras una copa para tomar valor y ser de espíritu más libre, ya que encuentro que encontrar valor tras un trago, es lo más cobarde que hay.
Me viste borracha amigui, el que se repita depende sólo de mí, de si quiero sentirme mal físicamente de nuevo y tratar de volar teniendo los pies pegados al suelo.
1 comentarios:
Mi Querida P.
Aunque suene ridículo de mi parte, estaba buscando un momento de gran claridad mental para postearte.Pero como no lo encontré, heme aquí, a la 1 de la madrugada, buscándole info a doña Any, y posteándote.
Creo que las experiencias, como todo en la vida, tienen de malo lo mismo que tienen de bueno; es cosa de mirar el vaso medio lleno o medio vacío.
De alguna manera pensé que ya que te tenía cerca, como usualmente no te tengo, y dadas las circunstancias en que nos encontrábamos (en absoluta confianza), me dije a mi misma: este puede ser un momento perfecto como para...
Objetivo cumplido. A hora puedes decir qué sabes lo que es estar borracha, aún con todos tus cuestionamientos acerca de beber por beber, y de la vida pública y social.
Mi opnión?. Diría que borracha eres la misma Pame que eres sin una gota de alcohol en la sangre, pero elevada al cubo. Es decir, todos tus sentimientos acerca de la relación con tu padre, acerca de tus sobrinos, acerca de tu paurpérrima persona, tus aprenciones físicas y sicológicas, todo, todo eso salió a flote, pero con el triple de intensidad a como lo sacas siempre. Conclusion, creo que eres una borracha de las que se van por el carril de la depre, pues hay otros que son los contentos, los violentos y los que de plano no molestan en nada porque se quedan dormidos.
Amiga, espero que esta experiencia te sirva de algo; yo sé qué sí. Ahora, no sé si quiera volver a verte borracha en tu estado depresivo, porque la verdad es que después del violento, el curado depre es el más cansón de todos.
Besos mi querida P, sorry por demorar tanto este post.
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