La semana pasada tuve la oportunidad de conocer algo de la V Región de este país, lo cual es extraño en mí, ya que mi destino, mi vista y mi horizonte siempre se ha dirigido al sur, a los bosques y lagos de esta tierra. Pero debo reconocer que estar en Viña del Mar y alrededores fue una linda experiencia. El día viernes 29 de febrero, cuando regresábamos, y tenía yo a mi precioso Caco en mis piernas mientras dormía, una idea cruzó por mi mente, mientras besaba la cabeza, el cabello de mi sobrino, algo que siento atragantado en mi garganta y pensaba escribir de eso acá, pero decidí no hacerlo, ya veré la forma de desahogarme, sin caer necesariamente en una gran depresión y llorar inconsoladamente por esta forma de sentir.
Así es que cambio de página, decidí actualizar para contar mi experiencia por las costas viñamarinas, un lugar precioso, sin lugar a dudas, que a pesar de mi adversión de avanzar al norte, igual tiene su encanto, algo que hace que estos lugares sean queribles, lamentablemente llegué tarde para conseguir el autógrafo de Solis y dárselo a mi santa madre, aunque tal vez lo habría guardado hasta el día de la mamá y ahorrar así el regalo; y también llegué un poco tarde para escuchar de primera fuente Promiscuos y bailarla hasta que las piernas no dieran más. Pero bueno, fuimos y disfrutamos de las playas de Con Con, un paseo que fue algo emocionante por así decirlo, y también divertido, puesto que no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa en mis inocentes y puros labios al ver lo asustada que estaba la "Paulina" (apodo que le tenía su madre a mi cuñadita linda Paola), cuando nos dirigíamos a la playa, ya que la carretera, camino o doble vía, como sea que se llame, tenía muchas curvas, teniendo por un lado del camino un enorme cerro y por el otro, cuesta abajo, el hermoso mar chileno, y mi Juana (hermanito), no disminuía la velocidad, por lo que sumado al ver a la Paola con una risita nerviosa a causa del susto, sosteniendo por un lado a la "niña", mi propia situación me daba risa al tener sujeto a Caco para que no se cayera y yo con mi centro de gravedad totalmente descolocado sin poder enderezarme y quedar debidamente sentada. Después de pasar la zona de "curvas peligrosas", llegamos a la playa donde me deleité mirando el mar y a mis niños disfrutando de las olas, con Juanito pegado a su papá y a Caco con sus labios morados por el frío, al no querer moverse y salir del agua, y la niña, bueno, ella simplemente se veía exquisita con su traje de baño.
Durante los otros días conocimos el puerto de Valparaíso donde me causó gracia ver un grupo de turistas gringos (se delatan tanto como un chileno mirando un edificio alto), con sus cámaras sacando miles de fotos. Vimos grandes barcos, entre ellos un crucero, muy lindo y enorme.
De regreso nos vinimos por la costa, donde pude apreciar nuevamente el mar y las playas.
El viaje fue cansador, puesto que los niños se aburrían y se ponían un poco "mañosos" (pero a quién podrían haber salido mañosos?), y también largo, llegamos a casa a las 2 de la madrugada, igualmente mi mamá me hizo levantarme relativamente temprano al otro día, después de dormir plácidamente en mi camita sientiendo el peso del Duke en mis pies, que según mi mamá, me echó mucho de menos, al estar acostado en mi pieza y aullando al verla vacía.
Sería muy cínico de mi parte decir que me daría lo mismo no volver, puesto que si bien sabía yo que éstas no serían las mejores circunstancias, donde no podría salir con libertad y aventurarme un poco más, yo sola, sin nadie a quien cuidar y sin nadie que me cuide; más que mal, ir con niños innegablemente gran porcentaje del tiempo se les dedica a ellos y otro muy corto se dedica a realmente disfrutar del viaje; reconozco que me gustaría volver, en otras circunstancias, con más recursos y así poder disfrutar mejor la ciudad jardín.
Pero mi amor por el sur de chilito lindo está intacto, por lo que si se me presenta la oportunidad de salir de vacaciones sin tener que estar al cargo de nadie y sin que nadie esté a cargo mío (pasarán mil años y aún así tendré tres pares de ojos puestos sobre mí), sin duda me voy al "sure", hasta donde me aguante el tanque de bencina, y hospedarme en alguna cabaña por ahí o en un hotel o posada rústica, disfrutando de la lluvia y los bosques y lagos.
Algún día, si la voluntad me acompaña, y antes de que mi añorada juventud me deje por completo.

1 comentarios:
Yo creo que todos los lugares tienen su encanto, más allá de los gustos personales.
Debo reconocer que cuando anduve la primera vez por la V región, me enamoré de Valparaíso. Para mí, Valpo, es la ciudad más bella que he conocido, seguida de lejos por Conce y Pucón.
Cuando fuimos este verano, yo iba toda emocionada de que los primos de Felipe que no conocían, se enamoraran como yo del espectáculoq que representan esas callen centenarias tan empinadas, esas construcciones añosas que te hacen retroceder en el tiempo. Pero allí estaba mi suegra, quien representa una contradicción de aquellas, que por un lado prácticamente idolatra la tradición, pero por otro se deslumbra súper fácil con lo moderno, con lo que no tiene historia, con lo que responde al pujante capitalismo.
Cada vez que yo les decía, "pero miren la belleza inmensurable de esta ciudad", ella salía con que Viña era más bonito porque tenía esos edificios a lo Miami.
En fin. Para mi Valparaíso significa algo, no sé exactamente qué, a pesar de las pocas oportunidades que he tenido de recorrer. Si te puedo contar que la primera vez que estuve allí, ya siendo vieja peluda, lo primero que vino a mi mente fue la imagen de mi abuelo siendo joven, caminando por esas calles o subiendo a un trolebus (creo que así se llaman). Quizás por eso amé a Valpo desde el primer momento, porque conserva dentro de sí el brillo de antaño, de ese tiempo que yo no viví, pero que fue el contexto de las aventuras y desventuras de mis seres queridos. Además, súmale toda la importancia histórica. Todo lo que para Chile ha significado esta verdadera Joya del Pacífico. Uff, no me alcanzaría este post para relatar todo (además no lo sé todo). Bueno, por algo Valpo es Patrimonio de la Humanidad, según la Unesco.
Amiga, espero que este viaje lo podamos repetir juntas, así como tú dices, sin tanta gente a la que cuidar, y ciertamente sin nadie que nos diga qué hacer o qué no.
Y respecto a lo del casino, bueno, no me llama la atención que tu hermano haya sido tan desconsiderado. Lo único que queda es remediarlo y en mejor compañía, así es que a penas encontremos abierto uno de los tantos que apareceran en Chile, vamos a tener que puro entrar a tirar palancas de las tragamonedas, jejejej.
Un kiss.
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