Tengo dos madrinas y un padrino. Un matrimonio amigo de mis padres me tomaron como ahijada cuando me bautizaron apenas siendo una bebé (“parece chinita” fue el comentario que hizo mi hermano cuando me vio por primera vez), y después le pedí a una querida tía, hermana de mi madre, que aceptara ser mi madrina de confirmación. Según la “ley” de la Santa Iglesia Católica, me falta elegir otro par de padrinos; los de mi boda, acontecimiento tan lejano como escuchar algún día de labios de Chester un reggeaton, aunque así cómo va esta industria del entretenimiento, no sería extraño ver a LP “perreando” en algún momento (Señor Santo, aleja esos pensamientos de mi cabeza).
Pero bueno, ayer tarde estuve en uno de esos momentos en los que no sé para donde voy ni por donde iré, que para ser verdad, son bastantes; el punto es que me puse a pensar (otra vez) en lo molesto que se vuelve para mi “frágil” persona, aquellos “días del mes”, y ver alguna forma de no tener que sufrir lo que para mí es un verdadero tormento, en todo el sentido de la palabra. Una palabrita se me vino a la mente: hijos. Claro, el tormento no lo tendría por nueve meses, pero tendría otros similares en el mejor de los casos: náuseas, vómitos, dolores de cabeza, etc, etc, sin contar el hecho que parecería al poco tiempo una verdadera mole humana. Repito, en el mejor de los casos. El domingo en la tarde vinieron mis hermanos con sus respectivas familias, aún tengo latente el recuerdo de la carta que le escribí a mi añorada Sofía, añorada en todo sentido, deseada por tener un trozito de mí a quien amar; y a la vez tengo el recuerdo de una visita de mi querida Gloria, después de ir a ver a mi otra querida Paola, a los días de anunciar su matrimonio con el Carlos, cuando ella le dijo que deseaba tanto tener hijos, una de las razones por las cuales quería casarse. Eso quedó grabado en mi mente hasta el día de hoy, y el cuestionarme en cada momento las razones por las cuales las personas traemos niños al mundo. En fin, el domingo en la tarde llegaron todos, y veía otra vez como la Paola le declaraba su amor infinito al menor de sus hijos varones. En más de una oportunidad he sido testigo de ver como mi querida cuñada se culpa de los males de sus hijos, como no cuidar la dentadura de Juan Guillermo (quien diría que la más grande de las ternuras habidas en el mundo, junto con la más increíble testarudez se podrían juntar en un sólo niño), como también el hecho de que “Caco”, sea tan especial.
Caco, Nacho, Carlos Ignacio, a veces pienso que la Paola adora, o cómo ella misma dice, está enamorada de su hijo, porque es el que más se parece a mi hermano, físicamente hablando, ya que de carácter, según los vagos recuerdos que tiene mi madre, Juan Guillermo es quien más se le parece. Pero Caco es ver a Juan Carlos hecho niño, pelo negro y liso, ojos oscuros, unos dientes blancos y hermosos, un cuerpo pequeñito pero “maceteado”, sin embargo, a la vez una mirada perdida, alguien que se encierra en su propio mundo (me recuerda a alguien ...). Cuando la Paola estaba esperando a Caco, tuvo la desagrable y triste experiencia de ver a su madre terriblemente enferma, quien finalmente falleció hace un par de años. Ella piensa que todas las tensiones que vivió por ver a su mamá tan mal, de alguna forma afectaron a Caco. Caco aún no habla, y no interactúa con uno, mi hermano se preocupó de esta situación y decidieron llevarlo a médico, actualmente está en un tratamiento, bastante difícil, ya que como mencioné, se encierra en su mundo, no escucha o “aparenta” no escuchar, no hace caso y simplemente toma una piedrecita y comienza a jugar. Pero a él hay que buscarlo. Mi otro hermano, Pepe (José Luis para los amigos), decía que “a mí me quiere”, ya que cuando me ve, me reconoce y alza sus bracitos para que lo tome en brazos, pero yo lo busco, juego con él, a pesar que la espalda después me duela más que el llanto de un niño, el sentimiento, que honestamente, no es felicidad (es demasiado utópico ese pensamiento), sino de necesidad de confortarlo y verlo reir, me pesa más.
Amo a mis sobrinos, a los cuatro, no sé si pueda decir por igual, más bien diría que de un modo diferente. Juan Guillermo me pide a veces que lo tome en brazos cuando me ve jugando con Caco, pero la mayoría de la veces “no lo pesco”, cuando no me gana con una sonrisita y termino cediendo a pesar del esfuerzo que constituye levantar a un niño de cuatro años y medio. La “Niña”, mi niña hermosa Miriam es la niña regalona obviamente, su situación se parece a la mía, nació después de dos niños y su padre babea por ella, mañosa como su abuela materna, pero increíblemente encantadora cuando sonríe, tan tierna ella (otro recuerdo por ahí ...). Y por parte de los Cuevas Arias, mi José Tomás, tan esperado, tan deseado, tan hermoso, un niño que conquista con su sola presencia, la belleza hecha bebé, la risa hecha bebé, hermoso, no hay otra palabra para él. Y Caco, mi muy querido Caco; insisto, no puedo decir que los quiero a los cuatro por igual, pero sin duda Caco tiene un lugar muy especial para mí, y las razones, no las puedo decir con seguridad, porque fue de inmediato, del momento en que lo vi por primera vez, antes de ver su relación con el mundo, los demás y conmigo. El cariño por Caco fue inmenso desde que lo vi cuando lo fui a conocer. Por Dios Santo, creo que antes yo era de esas personas que encontraba lindos a los bebés sólo por el hecho de ser bebés, pero con el tiempo mi juicio fue siendo más objetivo y Caco fue un ejemplo, es que había visto bebés poco agraciados, pero mi sobrinito, con el dolor de mi alma, decir que era feo tal vez me quedo corta: una cosita chiquitita, negra y peluda. No tuve ni tengo tapujos en decirle a mi querida hermana política que Caco era feo cuando nació, me ayuda el hecho de que ella pensó lo mismo. Pero aquí es donde caigo y algo me hace clic dentro de la cabeza, las personas tendemos a rechazar lo que no nos es agradable ante los sentidos, en especial por la vista, pero no sé si es porque se trate de alguien de mi sangre, lo cual es lo más probable, pero con Caco no fue rechazo lo que sentí, al contrario; me acuerdo que me sentía un poco insegura de tomar un bebé tan pequeño en los brazos, a Juan Guillermo lo conocí como a los 4 días de su nacimiento, a Caco fue casi enseguida, pero tenerlo ahí, en mis brazos, fue algo que me inundó y me llenó por completo, quería que ese niño fuera feliz ante todo, quería confortarlo ante todo, quería amarlo y hacer que se sintiera protegido ante todo. Lo amé de inmediato, a mi “monito”, como le decía en ese momento para molestar a mi cuñadita. Pasaron unos pocos meses y Caco fue cambiando poco a poco, y ahora a dos años y medio de su venida al mundo, ante mis ojos, es uno de los niños más bellos que existe.
El domingo en la tarde un pensamiento cruzó por mi mente, tan fugaz y a la vez permanente, pues pensando en la semejanza que hay entre mi hermano y Caco, me pregunté si existiera en algún momento mi Sofía, ¿se parecerá a mí?. El pensamiento quedó, en algún rincón de mi cabeza, tenerlo al frente me hace daño y bastante.
Cuando se iban yendo, escuché otra vez de rebote algo de los labios de mi cuñadita, digo de rebote porque lo dijo mi mamá en realidad, que mi querida cuñadita quiere darme como ahijado a Caco. No lo niego, en el fondo lo deseaba, como también deseo “amadrinar” a José Tomás. Desconozco el vínculo del bautizo con el de elegir padrinos para los hijos, en qué punto de la historia ambos sucesos se unieron, pues para mí el bautizo es repetir la acción de Juan Bautista en el río ... ¿Sinaí? (mis clases de catequismo se fueron simplemente al olvido), pero no recuerdo la imagen de un “padrino” al lado. Pero el punto es que lo veo, acto simbólico, claro está, el hecho de elegir a alguien como padrino de tus hijos a una persona en la que confiarías su cuidado en el caso de que no se estuviera.
No voy a negar que me gustaría algún día ser madre, después de todo, soy mujer, créanlo o no señores, pero tampoco voy a negar que dentro de mis objetivos ocupa un lugar muy por debajo de la lista, me sentiré vacía?, me sentiré incompleta?, ya conozco esas sensaciones, pero si mis hermanos se deciden a confiarme la noble tarea de ser madrina de uno de sus hijos, espero poder cumplirla bien, y aunque no sea así, de todos modos quiero estar ahí, hasta lo más que se pueda, junto a mi Caco hermoso; junto a mis niños hermosos.
Pero bueno, ayer tarde estuve en uno de esos momentos en los que no sé para donde voy ni por donde iré, que para ser verdad, son bastantes; el punto es que me puse a pensar (otra vez) en lo molesto que se vuelve para mi “frágil” persona, aquellos “días del mes”, y ver alguna forma de no tener que sufrir lo que para mí es un verdadero tormento, en todo el sentido de la palabra. Una palabrita se me vino a la mente: hijos. Claro, el tormento no lo tendría por nueve meses, pero tendría otros similares en el mejor de los casos: náuseas, vómitos, dolores de cabeza, etc, etc, sin contar el hecho que parecería al poco tiempo una verdadera mole humana. Repito, en el mejor de los casos. El domingo en la tarde vinieron mis hermanos con sus respectivas familias, aún tengo latente el recuerdo de la carta que le escribí a mi añorada Sofía, añorada en todo sentido, deseada por tener un trozito de mí a quien amar; y a la vez tengo el recuerdo de una visita de mi querida Gloria, después de ir a ver a mi otra querida Paola, a los días de anunciar su matrimonio con el Carlos, cuando ella le dijo que deseaba tanto tener hijos, una de las razones por las cuales quería casarse. Eso quedó grabado en mi mente hasta el día de hoy, y el cuestionarme en cada momento las razones por las cuales las personas traemos niños al mundo. En fin, el domingo en la tarde llegaron todos, y veía otra vez como la Paola le declaraba su amor infinito al menor de sus hijos varones. En más de una oportunidad he sido testigo de ver como mi querida cuñada se culpa de los males de sus hijos, como no cuidar la dentadura de Juan Guillermo (quien diría que la más grande de las ternuras habidas en el mundo, junto con la más increíble testarudez se podrían juntar en un sólo niño), como también el hecho de que “Caco”, sea tan especial.
Caco, Nacho, Carlos Ignacio, a veces pienso que la Paola adora, o cómo ella misma dice, está enamorada de su hijo, porque es el que más se parece a mi hermano, físicamente hablando, ya que de carácter, según los vagos recuerdos que tiene mi madre, Juan Guillermo es quien más se le parece. Pero Caco es ver a Juan Carlos hecho niño, pelo negro y liso, ojos oscuros, unos dientes blancos y hermosos, un cuerpo pequeñito pero “maceteado”, sin embargo, a la vez una mirada perdida, alguien que se encierra en su propio mundo (me recuerda a alguien ...). Cuando la Paola estaba esperando a Caco, tuvo la desagrable y triste experiencia de ver a su madre terriblemente enferma, quien finalmente falleció hace un par de años. Ella piensa que todas las tensiones que vivió por ver a su mamá tan mal, de alguna forma afectaron a Caco. Caco aún no habla, y no interactúa con uno, mi hermano se preocupó de esta situación y decidieron llevarlo a médico, actualmente está en un tratamiento, bastante difícil, ya que como mencioné, se encierra en su mundo, no escucha o “aparenta” no escuchar, no hace caso y simplemente toma una piedrecita y comienza a jugar. Pero a él hay que buscarlo. Mi otro hermano, Pepe (José Luis para los amigos), decía que “a mí me quiere”, ya que cuando me ve, me reconoce y alza sus bracitos para que lo tome en brazos, pero yo lo busco, juego con él, a pesar que la espalda después me duela más que el llanto de un niño, el sentimiento, que honestamente, no es felicidad (es demasiado utópico ese pensamiento), sino de necesidad de confortarlo y verlo reir, me pesa más.
Amo a mis sobrinos, a los cuatro, no sé si pueda decir por igual, más bien diría que de un modo diferente. Juan Guillermo me pide a veces que lo tome en brazos cuando me ve jugando con Caco, pero la mayoría de la veces “no lo pesco”, cuando no me gana con una sonrisita y termino cediendo a pesar del esfuerzo que constituye levantar a un niño de cuatro años y medio. La “Niña”, mi niña hermosa Miriam es la niña regalona obviamente, su situación se parece a la mía, nació después de dos niños y su padre babea por ella, mañosa como su abuela materna, pero increíblemente encantadora cuando sonríe, tan tierna ella (otro recuerdo por ahí ...). Y por parte de los Cuevas Arias, mi José Tomás, tan esperado, tan deseado, tan hermoso, un niño que conquista con su sola presencia, la belleza hecha bebé, la risa hecha bebé, hermoso, no hay otra palabra para él. Y Caco, mi muy querido Caco; insisto, no puedo decir que los quiero a los cuatro por igual, pero sin duda Caco tiene un lugar muy especial para mí, y las razones, no las puedo decir con seguridad, porque fue de inmediato, del momento en que lo vi por primera vez, antes de ver su relación con el mundo, los demás y conmigo. El cariño por Caco fue inmenso desde que lo vi cuando lo fui a conocer. Por Dios Santo, creo que antes yo era de esas personas que encontraba lindos a los bebés sólo por el hecho de ser bebés, pero con el tiempo mi juicio fue siendo más objetivo y Caco fue un ejemplo, es que había visto bebés poco agraciados, pero mi sobrinito, con el dolor de mi alma, decir que era feo tal vez me quedo corta: una cosita chiquitita, negra y peluda. No tuve ni tengo tapujos en decirle a mi querida hermana política que Caco era feo cuando nació, me ayuda el hecho de que ella pensó lo mismo. Pero aquí es donde caigo y algo me hace clic dentro de la cabeza, las personas tendemos a rechazar lo que no nos es agradable ante los sentidos, en especial por la vista, pero no sé si es porque se trate de alguien de mi sangre, lo cual es lo más probable, pero con Caco no fue rechazo lo que sentí, al contrario; me acuerdo que me sentía un poco insegura de tomar un bebé tan pequeño en los brazos, a Juan Guillermo lo conocí como a los 4 días de su nacimiento, a Caco fue casi enseguida, pero tenerlo ahí, en mis brazos, fue algo que me inundó y me llenó por completo, quería que ese niño fuera feliz ante todo, quería confortarlo ante todo, quería amarlo y hacer que se sintiera protegido ante todo. Lo amé de inmediato, a mi “monito”, como le decía en ese momento para molestar a mi cuñadita. Pasaron unos pocos meses y Caco fue cambiando poco a poco, y ahora a dos años y medio de su venida al mundo, ante mis ojos, es uno de los niños más bellos que existe.
El domingo en la tarde un pensamiento cruzó por mi mente, tan fugaz y a la vez permanente, pues pensando en la semejanza que hay entre mi hermano y Caco, me pregunté si existiera en algún momento mi Sofía, ¿se parecerá a mí?. El pensamiento quedó, en algún rincón de mi cabeza, tenerlo al frente me hace daño y bastante.
Cuando se iban yendo, escuché otra vez de rebote algo de los labios de mi cuñadita, digo de rebote porque lo dijo mi mamá en realidad, que mi querida cuñadita quiere darme como ahijado a Caco. No lo niego, en el fondo lo deseaba, como también deseo “amadrinar” a José Tomás. Desconozco el vínculo del bautizo con el de elegir padrinos para los hijos, en qué punto de la historia ambos sucesos se unieron, pues para mí el bautizo es repetir la acción de Juan Bautista en el río ... ¿Sinaí? (mis clases de catequismo se fueron simplemente al olvido), pero no recuerdo la imagen de un “padrino” al lado. Pero el punto es que lo veo, acto simbólico, claro está, el hecho de elegir a alguien como padrino de tus hijos a una persona en la que confiarías su cuidado en el caso de que no se estuviera.
No voy a negar que me gustaría algún día ser madre, después de todo, soy mujer, créanlo o no señores, pero tampoco voy a negar que dentro de mis objetivos ocupa un lugar muy por debajo de la lista, me sentiré vacía?, me sentiré incompleta?, ya conozco esas sensaciones, pero si mis hermanos se deciden a confiarme la noble tarea de ser madrina de uno de sus hijos, espero poder cumplirla bien, y aunque no sea así, de todos modos quiero estar ahí, hasta lo más que se pueda, junto a mi Caco hermoso; junto a mis niños hermosos.

1 comentarios:
Venía con toda la inspiración a escribirte un maravilloso post, cuando me llama Felipe pa contarme que estuvo a punto de renunciar a su pega, porque a él y a una compañera les llamaron la atención por una noticia que no salió en la edición de hoy. La verdad es que él está muy chato de La Hora y a mi me pisa los talones la impotencia de no poder ayudarlo. O sea, si por lo menos supiera buscarle otra pega, pero qué voy a hacer si no he conseguido algo ni para mí. En fin. Ese es otro tema.
La verdad es que con todo esto las ideas que quería plantear sobre tu texto se me anduvieron esfumando. Sólo coincidir contigo en que los niños son un milagro. Espero que Caco se logre conectar con el mundo y que tu Sofía o Sofío llegue cuando tenga que llegar, no importa cuánto se demore.
Un besito. Manda buenas vibras.
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