La verdad no tenía pensado actualizar este sitio, al menos no por ahora, pues “esperaba” que mi inspiración me guiara a escribir algo ajeno a mí, en el sentido personal, emocional. No sé que podrá resultar de esto, ya que la necesidad de desahogo es algo que estará presente siempre en las personas, incluso en alguien tan rara como yo.
Probablemente la forma de verme a mí misma de forma despectiva, si cambia, será de aquí a un largo tiempo, pero hay momentos en los que me siento un poquito mejor y me creo un poquito más capaz de lograr cosas, hay momentos en los que logro sentirme un poquito más inteligente, incluso de los que me rodean, pero sólo un poquito, pues vuelvo a caer en que soy uno de los seres más incapaces y mediocres existentes en este universo.
Todavía no titulo esta “custión”, tenía pensado algo así como “Terminando Tareas”, tal vez eso quede, ya que me siento en una etapa de querer terminar cosas, trabajos incompletos por ahí, una que otra manualidad; no deja de llamarme la atención de que a pesar de la poca valorada visión que tengo hacia mí y el eterno miedo a la burla (deberían saber que molestar a alguien con baja autoestima desata ataques de angustia y puntualmente en mi caso, tristeza), nunca me haya molestado o preocupado mejor dicho que sepan que me gusta tejer y bordar, ya que cómo suelo ver las cosas desde un punto “negativo”, lo podría interpretar como un hobby de abuelitas, pero siempre me ha dado lo mismo, pero hace mucho tiempo que no tomaba un par de palillos o un crochet y empezar a formar algo parecido a una tela con un ovillo de hilo, creí que había perdido el “toque”, por así decirlo, pero parece que no. Dicen que mis manualidades quedan lindas; no lo recuerdo exactamente, pero me decían que la directora de la Cuatro quería comprar un paño que tejí a crochet cuando estaba saliendo ya de la escuela en octavo, no me acuerdo cuando habló conmigo y le dije que no, ya que ese trabajo, como la mayoría de los que hago, son para mi mamá. Decirlo así puede sonar egoísta, pero hasta el momento no he hecho ningún trabajo con la intención de venderlo, ya que los que no se han quedado en casa han sido regalos a personas que significan mucho para mí. “Aún tengo la esperanza de poder tejer una bufanda que abrigue el cuello de mi amado”, una frase que ronda mi parte romántica. Pero bueno, volviendo a lo que iba. Siento, o quiero mejor dicho, terminar cosas, me imagino, según mi pobre lógica, que será para empezar cosas nuevas, sin embargo, está el querer, pero falta el poder. Hace unos días fui donde la doc. para que me echara una revisá, el sábado pasado sentí un fuerte mareo y tuve que sostenerme para no caer, estuve todo el fin de semana tiritona, pero fui principalmente para que me viera mi eterno problema a la garganta, pues también quiero terminar de una vez por todas con este maldito estado de resfrío permanente que no me sana desde mi época liceana. Aproveché de llevarle unos exámenes que me hicieron hace un mes y me encontró anémica, otra vez, por lo cual estoy hasta el momento echándome al cuerpo 7 medicinas diferentes (y con lo que me gusta tomar remedios), pero tuve la genial idea de decirle (yo y mis contradicciones), si podría recetarme algunas vitaminas, ya que tengo el deseo de terminar mis cosas, pero el ánimo no me acompaña mucho, y me recetó tres lindas ampollas que debo inyectarme día por medio, el jueves fue la primera, el sábado será la otra y doble, ya que yo siempre torpe, se me rompió una, pero no cayó todo el contenido, por lo que la amiga de mi cuñadita me dijo que me las pondría juntas; todavía no me pasa bien la molestia de la inyección de ayer, sin contar mi leve fobia a las jeringas (inconscientemente me cubro el cuello cuando se habla del tema, debe ser por el trauma que tengo por la vacuna que me inyectaron siendo una bebita en mi tierno cuello), lo cual también me molesta tener este rechazo, que aparte es absurdo considerando que no me causa nada ver una herida, por más fea que ésta sea, o de lleno, ver como a alguien le cortan la piel, pero tan sólo el pensar en esa agujita por cual entra el líquido al cuerpo, es algo que me pone mal físicamente (bendita la hora que se me ocurrió mirar como me sacaban sangre para el examen, mi madre ya estaba que llamaba a un taxi, siendo que el laboratorio queda a dos cuadras de mi casa). Pero en fin, si no veo y lo pienso, sólo siento el dolor, que es algo que sí puedo soportar. Hasta el momento no sé si me han hecho efecto, puesto que aún estoy con pocas energías y el ánimo por el suelo. Pero quiero terminar mis trabajos, terminar de leer esos libros, retomar los temas de estudio que me interesan y así nuevamente impregnar en mí lo que es importante para mí. Quiero volver a dibujar, leer libros de historia y resolver integrales de tercer grado. Este estado de letargo me tiene con la sensación de empezar de cero, y no quiero eso, quiero recordar, quiero estudiar, quiero aprender y así hacer más cosas, poder diseñar, poder volver a interpretar los gráficos y sus números, quiero tejerles chalecos a mis sobrinos y terminar el de mi amiga Xime y el de mi papá, para así empezar otro. Quiero tener energía y terminar aquello que representa mi vida. La culpa es compartida (por qué tuvo que tocarme con Cepeda), tanto de los profes como mía, esa película la tengo más que clara, pero mi carrera representa mi vida, y ahí es donde tengo el mayor problema, pues lamentablemente el deseo de no despertar más es algo que no puede salir de mi mente y mi corazón, con la inevitable pregunta: ¿para qué?
No he leído El Secreto, quiero hacerlo más por curiosidad, pues de la vaga idea que tengo, mi “pesimismo” niega a mi mente creer que se pueden atraer las cosas que deseamos, si así fuera, me creería el cuento y tendría al menos a uno de mis británicos al lado ahora mismo. Pero es más por una custión de Física (bendita seas), pero bueno, no puedo hablar mucho de lo que no sé (y es por eso que hablo poco), ya que tal como dije, la idea que tengo del libro es bastante vaga. Tal vez lo que consiga del libro es lograr ver las cosas desde un punto de vista más positivo, pero tal como dijo mi querida Xi “no se le pueden pedir peras al olmo”, y me falta mucho para ver las cosas sin tener los pies pegados a la tierra, por la simple razón de que cuando la realidad te golpea de lleno, la caída te duele más que mil inyecciones de Neurobionta.
No existe el Caballero que vendrá a rescatarme, pues la vida no es un cuento de hadas, creo que lo más triste de esto es que yo nunca creí en el príncipe azul, sino que simplemente creía que conocería a la persona adecuada para mí por que simplemente, era algo que yo merecía. Sin duda el camino que me tiene el de abajo está más que pavimentado y los ángeles caídos me recibirán con gusto y honestamente no es algo que me preocupa, la muerte no me asusta, lo que sí es la forma. Se podría decir que otra de las cosas que deseo terminar es mi eterno estado de soltería, pero al parecer mi destino en ese punto ya está trazado, pues el inmenso deseo que tengo de enamorarme se contrapone con el miedo de confiar en alguien. Tal vez simplemente deba desistir de que alguien algún día se interese en mí y consiga que yo también me interese en él, hace años que dejé de mirar al sexo opuesto como potenciales parejas, pues surge nuevamente la eterna pregunta: ¿para qué? , y mi destino sea de una vez terminar la más grande de mis tareas para comenzar aquella que es la que representa mi vida y así poder trabajar y ser una buena profesional, evitando que algún día me encuentren muerta siendo devorada por perros (genial la Bridget). Después de todo, esa es la vida que deseé, quiero volver a la actitud que tenía en el colegio, que si bien ya mis emociones estaban pa’l gato, no eran suficiente obstáculo para conseguir mis metas, y lo voy a hacer, porque quiero hacerlo, de seguro el llanto va a ser cosa de todas las noches, pero al diablo con eso, lo más probable ahora se presente más que nunca, pero quiero terminar, de una vez por todas, quiero terminar con mis eternas tareas, para así al menos decir en algún momento que a pesar de lo miserable que puede ser mi vida, pude lograr terminar y alcanzar una meta.
Probablemente la forma de verme a mí misma de forma despectiva, si cambia, será de aquí a un largo tiempo, pero hay momentos en los que me siento un poquito mejor y me creo un poquito más capaz de lograr cosas, hay momentos en los que logro sentirme un poquito más inteligente, incluso de los que me rodean, pero sólo un poquito, pues vuelvo a caer en que soy uno de los seres más incapaces y mediocres existentes en este universo.
Todavía no titulo esta “custión”, tenía pensado algo así como “Terminando Tareas”, tal vez eso quede, ya que me siento en una etapa de querer terminar cosas, trabajos incompletos por ahí, una que otra manualidad; no deja de llamarme la atención de que a pesar de la poca valorada visión que tengo hacia mí y el eterno miedo a la burla (deberían saber que molestar a alguien con baja autoestima desata ataques de angustia y puntualmente en mi caso, tristeza), nunca me haya molestado o preocupado mejor dicho que sepan que me gusta tejer y bordar, ya que cómo suelo ver las cosas desde un punto “negativo”, lo podría interpretar como un hobby de abuelitas, pero siempre me ha dado lo mismo, pero hace mucho tiempo que no tomaba un par de palillos o un crochet y empezar a formar algo parecido a una tela con un ovillo de hilo, creí que había perdido el “toque”, por así decirlo, pero parece que no. Dicen que mis manualidades quedan lindas; no lo recuerdo exactamente, pero me decían que la directora de la Cuatro quería comprar un paño que tejí a crochet cuando estaba saliendo ya de la escuela en octavo, no me acuerdo cuando habló conmigo y le dije que no, ya que ese trabajo, como la mayoría de los que hago, son para mi mamá. Decirlo así puede sonar egoísta, pero hasta el momento no he hecho ningún trabajo con la intención de venderlo, ya que los que no se han quedado en casa han sido regalos a personas que significan mucho para mí. “Aún tengo la esperanza de poder tejer una bufanda que abrigue el cuello de mi amado”, una frase que ronda mi parte romántica. Pero bueno, volviendo a lo que iba. Siento, o quiero mejor dicho, terminar cosas, me imagino, según mi pobre lógica, que será para empezar cosas nuevas, sin embargo, está el querer, pero falta el poder. Hace unos días fui donde la doc. para que me echara una revisá, el sábado pasado sentí un fuerte mareo y tuve que sostenerme para no caer, estuve todo el fin de semana tiritona, pero fui principalmente para que me viera mi eterno problema a la garganta, pues también quiero terminar de una vez por todas con este maldito estado de resfrío permanente que no me sana desde mi época liceana. Aproveché de llevarle unos exámenes que me hicieron hace un mes y me encontró anémica, otra vez, por lo cual estoy hasta el momento echándome al cuerpo 7 medicinas diferentes (y con lo que me gusta tomar remedios), pero tuve la genial idea de decirle (yo y mis contradicciones), si podría recetarme algunas vitaminas, ya que tengo el deseo de terminar mis cosas, pero el ánimo no me acompaña mucho, y me recetó tres lindas ampollas que debo inyectarme día por medio, el jueves fue la primera, el sábado será la otra y doble, ya que yo siempre torpe, se me rompió una, pero no cayó todo el contenido, por lo que la amiga de mi cuñadita me dijo que me las pondría juntas; todavía no me pasa bien la molestia de la inyección de ayer, sin contar mi leve fobia a las jeringas (inconscientemente me cubro el cuello cuando se habla del tema, debe ser por el trauma que tengo por la vacuna que me inyectaron siendo una bebita en mi tierno cuello), lo cual también me molesta tener este rechazo, que aparte es absurdo considerando que no me causa nada ver una herida, por más fea que ésta sea, o de lleno, ver como a alguien le cortan la piel, pero tan sólo el pensar en esa agujita por cual entra el líquido al cuerpo, es algo que me pone mal físicamente (bendita la hora que se me ocurrió mirar como me sacaban sangre para el examen, mi madre ya estaba que llamaba a un taxi, siendo que el laboratorio queda a dos cuadras de mi casa). Pero en fin, si no veo y lo pienso, sólo siento el dolor, que es algo que sí puedo soportar. Hasta el momento no sé si me han hecho efecto, puesto que aún estoy con pocas energías y el ánimo por el suelo. Pero quiero terminar mis trabajos, terminar de leer esos libros, retomar los temas de estudio que me interesan y así nuevamente impregnar en mí lo que es importante para mí. Quiero volver a dibujar, leer libros de historia y resolver integrales de tercer grado. Este estado de letargo me tiene con la sensación de empezar de cero, y no quiero eso, quiero recordar, quiero estudiar, quiero aprender y así hacer más cosas, poder diseñar, poder volver a interpretar los gráficos y sus números, quiero tejerles chalecos a mis sobrinos y terminar el de mi amiga Xime y el de mi papá, para así empezar otro. Quiero tener energía y terminar aquello que representa mi vida. La culpa es compartida (por qué tuvo que tocarme con Cepeda), tanto de los profes como mía, esa película la tengo más que clara, pero mi carrera representa mi vida, y ahí es donde tengo el mayor problema, pues lamentablemente el deseo de no despertar más es algo que no puede salir de mi mente y mi corazón, con la inevitable pregunta: ¿para qué?
No he leído El Secreto, quiero hacerlo más por curiosidad, pues de la vaga idea que tengo, mi “pesimismo” niega a mi mente creer que se pueden atraer las cosas que deseamos, si así fuera, me creería el cuento y tendría al menos a uno de mis británicos al lado ahora mismo. Pero es más por una custión de Física (bendita seas), pero bueno, no puedo hablar mucho de lo que no sé (y es por eso que hablo poco), ya que tal como dije, la idea que tengo del libro es bastante vaga. Tal vez lo que consiga del libro es lograr ver las cosas desde un punto de vista más positivo, pero tal como dijo mi querida Xi “no se le pueden pedir peras al olmo”, y me falta mucho para ver las cosas sin tener los pies pegados a la tierra, por la simple razón de que cuando la realidad te golpea de lleno, la caída te duele más que mil inyecciones de Neurobionta.
No existe el Caballero que vendrá a rescatarme, pues la vida no es un cuento de hadas, creo que lo más triste de esto es que yo nunca creí en el príncipe azul, sino que simplemente creía que conocería a la persona adecuada para mí por que simplemente, era algo que yo merecía. Sin duda el camino que me tiene el de abajo está más que pavimentado y los ángeles caídos me recibirán con gusto y honestamente no es algo que me preocupa, la muerte no me asusta, lo que sí es la forma. Se podría decir que otra de las cosas que deseo terminar es mi eterno estado de soltería, pero al parecer mi destino en ese punto ya está trazado, pues el inmenso deseo que tengo de enamorarme se contrapone con el miedo de confiar en alguien. Tal vez simplemente deba desistir de que alguien algún día se interese en mí y consiga que yo también me interese en él, hace años que dejé de mirar al sexo opuesto como potenciales parejas, pues surge nuevamente la eterna pregunta: ¿para qué? , y mi destino sea de una vez terminar la más grande de mis tareas para comenzar aquella que es la que representa mi vida y así poder trabajar y ser una buena profesional, evitando que algún día me encuentren muerta siendo devorada por perros (genial la Bridget). Después de todo, esa es la vida que deseé, quiero volver a la actitud que tenía en el colegio, que si bien ya mis emociones estaban pa’l gato, no eran suficiente obstáculo para conseguir mis metas, y lo voy a hacer, porque quiero hacerlo, de seguro el llanto va a ser cosa de todas las noches, pero al diablo con eso, lo más probable ahora se presente más que nunca, pero quiero terminar, de una vez por todas, quiero terminar con mis eternas tareas, para así al menos decir en algún momento que a pesar de lo miserable que puede ser mi vida, pude lograr terminar y alcanzar una meta.

1 comentarios:
Eso de "tener los pies bien sobre la tierra" me parece una metáfora más que gastada, injusta. Decimos que somos terrenales cuando en realidad somos negativos. Jamás usamos el concepto para referirnos de manera positiva. Lo peor es que se le da una connotación de verdad, quiero decir que cuando hablamos de alguien "con los pies en la tierra", nos estamos refiriendo a una persona "sensata", "justa", "normal". Pero yo creo, y póngase atención a eso de "yo creo", que no tenemos para qué echarle la culpa a la tierra de nuestra manera heredada de ver la vida tan oscura. Preferiría que todos nos refiriéramos a nuestras trancas sin echarle la culpa al mundo y menos a la tierra. Aunque sé bien que es difícil, porque hay tanto de la vida desconocemos, que a algo tenemos que culpar de nuestros males y qué mejor que culpar al resto. No lo digo en reproche a ti, si no que hablo por todos, en general. Es sólo que eso de "tener los pies en la tierra" me suena a excusa vieja para tapar las culpas propias. Yo al menos no conozco a nadie que ande volando, literal y metafóricamente; todos tenemos nuestros males y nuestras batallas eternas.
Me parece bien que estés en etapa de concluir. Eso es saludable. Comenzar y nunca terminar es algo de lo que yo podría dictar cátedra. Al final uno termina huyendo de las culminaciones y hasta las ganas de ver acabo lo que un día emepzamos, se esfuman. Así como te pasa a ti con tu tesis, que es el gran término de una etapa en tu vida, la bendita/maldita tesis.
Luego vendrán otros desafíos, algunos más simples y otros más atadosos, pero lo cierto es que no podemos anadar por la vida dejando puertas abiertas, y por más doloroso que resulten los procesos, hay que parirlos hasta que salgan de uno y podamos entrar en otros.
El punto, querida amiga, es no perder el norte. Por mucho que te apartes del camino, recuerda siempre que hace algún tiempo iniciaste una larga caminata por un sendero muy dificultoso; me refiero a tu carrera universitaria. Piensa que eso va a seguir siendo un cacho mientras no enfrentes el final, independiente si tú tienes la culpa, tus profes, tu familia, "el mundo". Imagina por un momento cómo el aire a tu alrededor sería más puro, más liviano, como tú misma te sentirías diferente al poder gritar al mundo: YA, LISTO, ¡TERMINÉ! Creo que esa sensación de alivio sí vale la pena cualquier esfuerzo y en tu caso, seamos honestos, el esfuerzo para terminar el proceso no es ni una milésima de lo ya te ha costado.
Saludos amigui.
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