Mis Canciones

CAMBIANDO RESPUESTAS

noviembre 16, 2009

 




Hace algún tiempo atrás, en una escena de esa bien ponderada serie “Sex and the City”, una de las cuatro amigas decía que si una mujer no tenía relaciones al menos por un año, volvía a ser virgen. Si bien no ha pasado un año, de alguna manera el que haya pasado su tiempo sin renovar este sitio, quizás se sienta como empezar desde cero; las razones pueden ser miles como una sola, sin embargo lo más válido es decir que no “sentía” el “querer” actualizar. Precisamente ahora la necesidad de escribir algo y publicarlo acá no es algo que me quema desde las entrañas y me tenga en un grado de inquietud similar a un sismo previsto por los alarmistas del 2012; nop, simplemente una idea surgió en mi cabecita y “siento” el querer dejarla plasmada.
Por mucho tiempo este sitio se convirtió en una vía de escape para angustias, alegrías y todos los demáses que implicara emociones, no creo que la tónica de un blog, en sí mismo, difiera de este concepto, por lo mismo, el “querer” predominaba en la no actualización, quería sentir que no estaba sola cuando me veía a mí misma por el suelo, la respuesta a eso era todo lo contrario, me sentía más sola aún, y sobretodo, vulnerable. Volveré a escribir mañana, en un rato más o la próxima semana, sólo Dios lo sabe, no me lo propongo y no lo propondré mañana tampoco.
Simplemente se trata de decir algo, una idea, un pensamiento, un hecho, sólo se trata de eso y en relación a eso, fue que quise escribir hoy. Ayer estaba en el campo como suele suceder cada domingo y alguien me preguntó y yo, respondí. Si la respuesta fue cierta o no, no tengo la menor idea, pero un hecho hizo clic, y es que simplemente respondí. El divagar es tan humano como el tener pulgares (¿estoy excluyendo a los otros primates?), y por mucho tiempo en la vida de una persona las respuestas no varían de un “tal vez”, “puede ser” o “quizás”. La inseguridad ante el demostrar seguridad se disfraza de contestaciones que dejan más dudas que soluciones y eso no va a cambiar, por más libros nos echemos dentro de la cabeza (metafóricamente hablando, ciertamente) y experiencias de vida tengamos, pero llega un momento en que la respuesta que nace no es un quizás, sino simplemente un sí o no, y no es porque se tenga plena seguridad de la respuesta, sino que se tiene la seguridad al derecho de estar en lo cierto y el derecho a equivocarse y seguir aprendiendo, a pesar que la propia seguridad hacia uno mismo, tambalea como platos chinos.
Cuando vi en esa gran serie, gran: El Chavo del Ocho, que el profesor Jirafales decía que sólo los idiotas o tontos están seguros siempre, y le respondían que si él estaba seguro, y contestaba que sí, aparte de las risas, filosofaba que como se puede mostrar inseguridad ante cosas tan obvias como que dos y dos son cuatro, sin embargo, ahora pienso en lo aburrido que es contestar siempre lo mismo y también en el atajo que nos ponemos con los absolutos, y no es que no me gusten los absolutos, qué fácil sería la vida si todo fuera blanco y negro, si o no, pero de qué sería cortante y aburrido todo, lo sería, y no se trata de cambiar respuestas porque sí, sino por la motivación de cambiar, no dar vueltas en lo mismo y sobretodo, de aprender a cada momento, con el derecho a creerse el cuento de estar en lo cierto, o en el derecho de que ante el error, se puede aprender.

1 comentarios:

XVCV dijo...

Pame, entre lo dormida que estoy y lo emocionada por otras cosas que ocurren en este momento, poco capté el mensaje de tu blog. Pero algo me quedó, y es que el mundo sería un lugar mucho más simple si las cosas sólo tuvieran dos dimensiones, una cara y un sello. Opino igual que tú, como en tantos y tantos temas. Pero dicen que justamente allí radica la belleza de las cosas, en la amplia gama de posibilidades que existe entre el blanco y el negro. Mira mi vida, mira la tuya, a veces más gris, a veces más rosa, pero nunca estática, siempre cambiando. Es tan difícil no saber a qué atenerse, dudar de un sí o un no, pero a la vez estar siempre esperando un sí o un no para continuar.
Te quiero amiga y me siento orgullosa de ti y de tu título. Ahora comienza todo, como alguna vez te lo dije, ahora te lo repito.
Ahora comienza todo.